jueves, 16 de abril de 2015

Abuelo mio

>>>Con el permiso de Gina, aquí uno de sus maravillosos escritos<<<          

17/Julio/2010

“Abuelo mio”

“Deje de llorar, mi`ja, llore pa` cuando me muera, Coca" me decía cuando tenía un raspón en la rodilla, cuando caía de bruces al suelo...cuando algo me hería. Siempre decía que si lloraba así, mis lágrimas se secarían y entonces, cuando de verdad fuera necesario, no podría llorar.

A los 5 años de edad, veía a ese hombre como el más grande de todos, mi abuelo, mi padre, el hombre que velaba por mi salud y mi bienestar.

Aquel que desde bebé me amaba como nunca nadie, aquel que me compartió una gran sabiduría.
Quien me enseñó lo que era el verdadero carácter, (El carácter que después conocería como "el humor Almazàn, heredado por su madre, mi bisabuela y que solo algunos de sus descendientes tendrían)
Esa voluntad, esa inteligencia. Esa capacidad de ser de piedra ante las enormes olas de la vida.

Aquellas experiencias que sólo él y yo conocimos, Como me hizo aficionada a la Lucha Libre Mexicana, como gritábamos ambos en el largo sillón los domingos por la tarde al ver al bueno, a punto de perder contra el malo.


Sus comidas, como olvidarlas, sus abrazos. Siempre me decía que yo era una niña muy inteligente, que desearía tener mi inteligencia. Yo solo reía, porque para mí el inteligente era, a todas luces, él.
Ahora comprendo que lo que yo veía en esa imagen con las arrugas de la experiencia, era Sabiduría.

Ese hombre, llegó a la Gran Ciudad con sus ropas campesinas, sin saber leer, sin saber escribir, pero con grandes ánimos de pelear y ser alguien más. Aprendió a leer casi a mi tiempo a escribir.
Pero el, con la vida, aprendió lo que muchos no harían ni en cuna de oro:
El valor del trabajo, de la honestidad.de la sinceridad.de la pelea constante y la armonía con el exterior.

Cuando vi su pueblo natal hace unas semanas nuevamente recorrí todo. ¡Qué cosas tan hermosas veía mi padre! como caminaba diario por esos senderos de tierra, como aprendió a trabajarla con sus propias manos. Todas las historias que los ancianos del pueblo contaban sobre él.
"El muchacho Alegre" Ese que no le temía al diablo, que incluso lo retaba y subía a la imponente sierra a cazar y a buscarle. Ese que bebía y bebía y en su caballo cantaba, en las calles, en los bailes.

¡Que grandiosas historias escuchaba de él! El solo hablaba para decir verdades! sus experiencias sobrenaturales de su juventud que a nosotros nos erizaban la piel y sin embargo no podíamos dejar d escucharlas....

Las celebridades que conocía por su trabajo de taxista… perdón… como decía el "Operador de Unidad de Transporte Público" Como le querían.... ¡Y como él se gano a la gente siendo quien era!

El día más triste d mi vida fue su último día. Cargar su cuerpo aun con vida, pero cada vez más débil....llorar por que sabía que no regresaría. Y el día en la funeraria, llorar de pie todo el día sobre su ataúd... Y quedar estática ante una tumba que, a diferencia de las demás recientes, estaba rebosante de hermosos arreglos de flores, provenientes de tantas y tantas gentes que lo amaban, que lo respetaban. Cargar su ataúd..."porque éramos sus hijos, sería la última vez"


Que día tan mas perpetuo en mi mente.....las nubes cambiando como si sintieran la pena que nos embargaba y que yo siento y sentía que nadie más compartía.... A ratos con sol, porque pensábamos en el con una triste sonrisa, lloviendo al rezarle el ultimo adiós..... Y la paz. Finalmente la paz.

Ya son 4 meses y te extraño mucho.
4 meses de añorar tu risa escandalosa, fresca y sincera
4 meses de extrañar tus abrazos únicos, llenos de amor
Toda la vida que soñaré con escuchar nuevamente tu voz...

Si un día nos volvemos a ver, ¿me tomarás la mano y me contarás una más de tus historias?

“Georgina Rodríguez”


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