2 de Diciembre del 2014.
“Mi sueño
con Luz.”
I
Al abrir los ojos, mi primera visión fue el resplandor
que despedían tres lámparas de luz fría colocadas tras un cristal semi opaco,
me incorpore, sentado en la cama observe que las paredes de la habitación
estaba decoradas con un papel tapiz gris mate, un gris triste, esterilizado,
uniforme y monótono. Exceptuando la
cama, una silla pagable y algunos artefactos conectados a mi cuerpo, el cuarto
carecía de otras presencias. Sentía debilidad y nauseas, volví a recostarme,
llevando mi mano derecha a mi frente y levantando el cabello que creció en este
tiempo, decidí esperar.
Un suspiro de irritación escapa de mis pulmones, siento
hambre en demasía. ¿Qué ha pasado? Fue el único pensamiento que en estos minutos de
espera recorren mi mente. No lo recuerdo.
Pasando… ¡Vaya! No sé cómo llamar al lapso que llevo aquí
ni cómo medirlo, el punto es que entra una mujer, con semblante poco amigable,
un rostro fastidiado del tedio del día al día, viste ropas blancas y carga unas
bolsas con soluciones dentro, al verme se conmociona, deja caer los objetos que
portaba se da media vuelta y sale corriendo sin cerrar la puerta blanca
deslizable tras de ella. Todo pasa tan rápido que no logro incorporarme a
tiempo para seguirla, al salir del colchón me enruedo en las sabanas azules que
huelen a jabón neutro y caigo, siento dolor, los cables que estaban conectados
en mi se jalan, a mi lado cae un tripe que sujetaba una bolsa transparente, la
maquina que monitoreaba mis sentidos empieza a hacer un ruido chirriante.
II
Con la misma precipitación con la que salió aquella
persona, regresa y trae consigo a otras tres enfermeras con el mismo uniforme,
su rostro muestra curiosidad y sorpresa, tras ella entra quien parece ser el
doctor encargado de mis cuidados, tiene una barba tupida y parece un hombre
bastante bonachón. Me ayudan a levantarme, me dan santo y seña de mi estado y
evolución, no entiendo nada, sigue parloteando el doctor diciendo que es un
milagro y que se llena de gusto por mí, me llena de preguntas sin darme tiempo
de entenderlas, luego ríe y me dice que
no me preocupe, argumenta que pronto saldré, me da unas últimas recomendaciones
antes de ser interrumpido por una enfermera de aspecto delicado, blanca sonrisa
y rostro taciturno, trae comida, no dudo en engullir los platillos insípidos
que me da, mientras comía todos se retiraron.
Estando sentando dándole la espalda a la puerta que da
fuera, en una hilera de sillas ubicadas en la recepción, calzo mis ropas y me
encuentro satisfecho de comida de hospital. Lo siguiente que noto es como una
chica de largo cabello negro, con lentes, un suéter negro, playera roja,
pantalón de mezclilla, una bufanda enrollando su cuello y botas color rojo
vino, me mira ilusionada y sonriente, se inclina frente mío, suspira y me
abraza jalándome hacia ella, mi cabeza queda recargada en su hombro y puedo ver
su busto, se me hace muy atractivo pero sobre todo me encuentro confundido, no
sé quien es pero su rostro me resulta enormemente familiar.
III
Más tarde me encuentro
caminando a su lado, caminamos mucho, parece alegre, hace bromas con un humor
negro, sarcástico y algo critico, me platica bastas cosas interesantes, me siento
tranquilo, animado y alegre con este paseo, llegamos a un parque y nos sentamos
sobre el bardeado hecho de piedra que rodea una hermosa fuente, hay varias
personas con sus perros y algunos niños jugando en la fuente, es un día soleado
e iluminado.
-¿Mosquetero? -Escucho que se
dirige hacia mí, mientras me mira extrañada–. ¿Por qué tan callado? –Cuestiona
y la observo dubitativo-.
-Me conoces –Le respondo luego
de una pausa, se mofa y sonríe disgustada-.
-Hummm, creo que es cierto que
puedas tener alguna lesión en tus memorias por estos días en coma –Sentencia
con pesar-.
Sentados uno al lado de otro,
el cielo se cubre con gruesas nubes grises y el viento frio sopla con fuerza,
pasa su brazo atrás mío y lo apoya en mi hombro, yo recargo mi mejilla en el
hombro de ella, empieza a tararear una melodía dulce y melancólica luego la
vocaliza con monosílabos.
IV
-Pasaba de media tarde –Comenzó a decir, con quebrada
voz-. Era un sábado nublado pero caluroso, me encontraba almorzando con mi
hermana en la terraza de un restaurante frente al zócalo. Terminaba un evento
importante sobre política. ¡Diug! –Exclama con repulsión y disgusto pero nos reímos-.
De pronto se escucha una gran conmoción afuera, me asome por la ventana, un
grupo de granaderos golpeando a tres personas brutalmente y una muchedumbre
enfurecida, lanzando reproches, amenazas y chiflidos sin hacer nadar, todo duro
menos de dos cuatro minutos. A la lejanía te recocí y fui corriendo hacia dónde
estabas, al llegar el lugar se había despegado de policías y solo quedaba uno que
otro curioso y dos cuerpos mal heridos, llore sobre ti, al llegar la ambulancia
fui contigo y vele por ti casi a diario iba a verte –Termino de contar su
historia y se quedo en silencio, mientras escuchaba mis ojos se abrían
enormemente por la sorpresa, me altere, me angustie, comencé a recordar.
V
Tenía algunas horas de haberme despedido de Luz, me
encontraba solo en la casa donde aseguro que vivo, y me tumbe sobre el colchón
que intuí estaba en el que debía ser mi cuarto, estaba consternado, punzadas de
dolor palpitaban en mi cabeza, intentaba hacer memoria, pero no lo conseguía,
esto llevo varias horas hasta que fastidiado, me resigne y dormí.
VI
Fueron pasando los meses, seguí saliendo con Luz, me
encontraba muy enamorado de ella, pero había algo, algo pasado que no me permitía
develar mi sentir por ella.
VII
¡Ya lo recuerdo! ¡Recuerdo todo! Ese día iba de compras
con mi madre, cuando por la catedral del zócalo capitalino se escucho un gran
tumulto, mi madre siguió su costumbre de detenerse y estar de curiosa, según ella
por si puede ayudar en algo. Eso a me disgusta mucho, lo que pase no me
concierne si me detengo solo alimento el morbo, cuando quise ir con mi madre y
decirle que siguiéramos nuestro camino, vi rápidamente que un grupo de granaderos
forcejeaban y golpeaban a un señor de avanzada edad pero bien conservado, alto,
delgado, con lentes y canoso. ¡Lo conozco! Era el apodado el don de la paz un humilde y carismático anciano que normalmente
se mantenía parado en el metro Pino Suarez por los pasillos de transborde de
una línea a otra, nunca hablaba ni nada, peros siempre llevaba su letrero con
la leyenda amor y paz para todos las
letras estaban rellenas por diamantina dorada, además con mas diamantina dibuja
en el cartel la bandera de México y por ultimo adorno una paloma blanca. Me cae muy bien ese señor incluso mi
amigo Gabriel y yo tenemos una foto con él.
VIII
La cólera se me subió a la
cabeza y sentía mi sangre hervir, no sé que habrá pasado pero como están las
cosas en el país, seguramente el don de la paz, se acerco a los granaderos a
desearles amor y paz y ellos lo vieron como un revoltoso. ¡Esos malditos
cerdos! Seguramente se alzaron el culo y lo querían detener por incitador a la anarquía
y terminan así con alegoría y ventaja
cuarenta elementos de la policía publica golpeando cruelmente a un pobre
anciana inocente.
IX
¿Y los demás que hacen? Graban
con sus celulares y vociferan que los van a denunciar, otros solo se quedan viendo
o lo peor de todo se persignan y salen corriendo. No puedo tolerarlo. En un exceso
de adrenalina, tomo a mi madre de la muñeca y la jalo eso le duele y lastima
las rodillas, estoy consciente pero ella no puede quedarse aquí, paro un taxi
lo menos sofisticado que eso se pueda hacer, la subo y le digo al taxista que a
cambio de un billete de doscientos pesos que le aventé llevara a mi madre al
metro Chapultepec y no regresara. Bien con ella a salvo ahora sí. ¡A la carga!
X
Todo es tan esto se dio tan rápido,
mi memoria solo me permite recordar flashazos de la escena, uno, dos, tres…
hasta seis granaderos que tan solo con poner mi mano en sus hombros y jalarlos
hacia atrás salieron volando, abatí a otros tantos sirviéndome de los codos y
una que otra patada, hasta llegar a auxiliar al don de la paz, a el conseguí
montarlo en un mototaxi. En el ánimo de lo ocurrido otros dos tipos empezaron a
repartir golpes a diestra y siniestra contra los granaderos que parecían multiplicarse.
Al final uno de mis auxiliadores termino huyendo y justo a tiempo porque al
otro desventurado y a mí nos sometieron y nos metieron una santa paliza.
0
Este relato fue un sueño que
tuve algún día sobre mí, sueño en el que note mi resentimiento hacia los granaderos
que abusan de su poder, sueño que quizá fue producido en mi subconsciente por
ver un vídeo en facebock donde una docena de granaderos con el uso de la fuerza
bruta excesiva le quitan a un pobre sus algodones de azúcar y hasta lo golpean.
En otro vídeo se nota a un don con un letrero con la leyenda leer te ayuda. Este señor inducia a un
grupo de granaderos a leer porque con eso podían encontrar la felicidad,
siguiente escena del vídeo se ve al señor corriendo unas calles más lejos
siendo perseguido, alcanzado y sometido por dos granaderos también se ve a
otros seis llegando. Esto me molesta y me indigna. Afortunadamente el don de la
paz está sano y salvo, solo fue mi sueño. Sueño que también me ayudo a
comprender que siento un amor mi amiga Luz.
“Lu-En Gon-Ber”