jueves, 19 de febrero de 2015

Mi sueño con Luz

2 de Diciembre del 2014.

“Mi sueño con Luz.”

I

Al abrir los ojos, mi primera visión fue el resplandor que despedían tres lámparas de luz fría colocadas tras un cristal semi opaco, me incorpore, sentado en la cama observe que las paredes de la habitación estaba decoradas con un papel tapiz gris mate, un gris triste, esterilizado, uniforme y monótono.  Exceptuando la cama, una silla pagable y algunos artefactos conectados a mi cuerpo, el cuarto carecía de otras presencias. Sentía debilidad y nauseas, volví a recostarme, llevando mi mano derecha a mi frente y levantando el cabello que creció en este tiempo, decidí esperar.
Un suspiro de irritación escapa de mis pulmones, siento hambre en demasía.  ¿Qué ha pasado? Fue el único pensamiento que en estos minutos de espera recorren mi mente. No lo recuerdo.
Pasando… ¡Vaya! No sé cómo llamar al lapso que llevo aquí ni cómo medirlo, el punto es que entra una mujer, con semblante poco amigable, un rostro fastidiado del tedio del día al día, viste ropas blancas y carga unas bolsas con soluciones dentro, al verme se conmociona, deja caer los objetos que portaba se da media vuelta y sale corriendo sin cerrar la puerta blanca deslizable tras de ella. Todo pasa tan rápido que no logro incorporarme a tiempo para seguirla, al salir del colchón me enruedo en las sabanas azules que huelen a jabón neutro y caigo, siento dolor, los cables que estaban conectados en mi se jalan, a mi lado cae un tripe que sujetaba una bolsa transparente, la maquina que monitoreaba mis sentidos empieza a hacer un ruido chirriante.

II

Con la misma precipitación con la que salió aquella persona, regresa y trae consigo a otras tres enfermeras con el mismo uniforme, su rostro muestra curiosidad y sorpresa, tras ella entra quien parece ser el doctor encargado de mis cuidados, tiene una barba tupida y parece un hombre bastante bonachón. Me ayudan a levantarme, me dan santo y seña de mi estado y evolución, no entiendo nada, sigue parloteando el doctor diciendo que es un milagro y que se llena de gusto por mí, me llena de preguntas sin darme tiempo de  entenderlas, luego ríe y me dice que no me preocupe, argumenta que pronto saldré, me da unas últimas recomendaciones antes de ser interrumpido por una enfermera de aspecto delicado, blanca sonrisa y rostro taciturno, trae comida, no dudo en engullir los platillos insípidos que me da, mientras comía todos se retiraron.
Estando sentando dándole la espalda a la puerta que da fuera, en una hilera de sillas ubicadas en la recepción, calzo mis ropas y me encuentro satisfecho de comida de hospital. Lo siguiente que noto es como una chica de largo cabello negro, con lentes, un suéter negro, playera roja, pantalón de mezclilla, una bufanda enrollando su cuello y botas color rojo vino, me mira ilusionada y sonriente, se inclina frente mío, suspira y me abraza jalándome hacia ella, mi cabeza queda recargada en su hombro y puedo ver su busto, se me hace muy atractivo pero sobre todo me encuentro confundido, no sé quien es pero su rostro me resulta enormemente familiar.



III

Más tarde me encuentro caminando a su lado, caminamos mucho, parece alegre, hace bromas con un humor negro, sarcástico y algo critico, me platica bastas cosas interesantes, me siento tranquilo, animado y alegre con este paseo, llegamos a un parque y nos sentamos sobre el bardeado hecho de piedra que rodea una hermosa fuente, hay varias personas con sus perros y algunos niños jugando en la fuente, es un día soleado e iluminado.
-¿Mosquetero? -Escucho que se dirige hacia mí, mientras me mira extrañada–. ¿Por qué tan callado? –Cuestiona y la observo dubitativo-.
-Me conoces –Le respondo luego de una pausa, se mofa y sonríe disgustada-.
-Hummm, creo que es cierto que puedas tener alguna lesión en tus memorias por estos días en coma –Sentencia con pesar-.
Sentados uno al lado de otro, el cielo se cubre con gruesas nubes grises y el viento frio sopla con fuerza, pasa su brazo atrás mío y lo apoya en mi hombro, yo recargo mi mejilla en el hombro de ella, empieza a tararear una melodía dulce y melancólica luego la vocaliza con monosílabos.

IV

-Pasaba de media tarde –Comenzó a decir, con quebrada voz-. Era un sábado nublado pero caluroso, me encontraba almorzando con mi hermana en la terraza de un restaurante frente al zócalo. Terminaba un evento importante sobre política. ¡Diug! –Exclama con repulsión y disgusto pero nos reímos-. De pronto se escucha una gran conmoción afuera, me asome por la ventana, un grupo de granaderos golpeando a tres personas brutalmente y una muchedumbre enfurecida, lanzando reproches, amenazas y chiflidos sin hacer nadar, todo duro menos de dos cuatro minutos. A la lejanía te recocí y fui corriendo hacia dónde estabas, al llegar el lugar se había despegado de policías y solo quedaba uno que otro curioso y dos cuerpos mal heridos, llore sobre ti, al llegar la ambulancia fui contigo y vele por ti casi a diario iba a verte –Termino de contar su historia y se quedo en silencio, mientras escuchaba mis ojos se abrían enormemente por la sorpresa, me altere, me angustie, comencé a recordar.

V

Tenía algunas horas de haberme despedido de Luz, me encontraba solo en la casa donde aseguro que vivo, y me tumbe sobre el colchón que intuí estaba en el que debía ser mi cuarto, estaba consternado, punzadas de dolor palpitaban en mi cabeza, intentaba hacer memoria, pero no lo conseguía, esto llevo varias horas hasta que fastidiado, me resigne y dormí.

VI

Fueron pasando los meses, seguí saliendo con Luz, me encontraba muy enamorado de ella, pero había algo, algo pasado que no me permitía develar mi sentir por ella.



VII

¡Ya lo recuerdo! ¡Recuerdo todo! Ese día iba de compras con mi madre, cuando por la catedral del zócalo capitalino se escucho un gran tumulto, mi madre siguió su costumbre de detenerse y estar de curiosa, según ella por si puede ayudar en algo. Eso a me disgusta mucho, lo que pase no me concierne si me detengo solo alimento el morbo, cuando quise ir con mi madre y decirle que siguiéramos nuestro camino, vi rápidamente que un grupo de granaderos forcejeaban y golpeaban a un señor de avanzada edad pero bien conservado, alto, delgado, con lentes y canoso. ¡Lo conozco! Era el apodado el don de la paz un humilde y carismático anciano que normalmente se mantenía parado en el metro Pino Suarez por los pasillos de transborde de una línea a otra, nunca hablaba ni nada, peros siempre llevaba su letrero con la leyenda amor y paz para todos las letras estaban rellenas por diamantina dorada, además con mas diamantina dibuja en el cartel la bandera de México y por ultimo adorno una paloma  blanca. Me cae muy bien ese señor incluso mi amigo Gabriel y yo tenemos una foto con él.

VIII

La cólera se me subió a la cabeza y sentía mi sangre hervir, no sé que habrá pasado pero como están las cosas en el país, seguramente el don de la paz, se acerco a los granaderos a desearles amor y paz y ellos lo vieron como un revoltoso. ¡Esos malditos cerdos! Seguramente se alzaron el culo y lo querían detener por incitador a la anarquía  y terminan así con alegoría y ventaja cuarenta elementos de la policía publica golpeando cruelmente a un pobre anciana inocente.

IX

¿Y los demás que hacen? Graban con sus celulares y vociferan que los van a denunciar, otros solo se quedan viendo o lo peor de todo se persignan y salen corriendo. No puedo tolerarlo. En un exceso de adrenalina, tomo a mi madre de la muñeca y la jalo eso le duele y lastima las rodillas, estoy consciente pero ella no puede quedarse aquí, paro un taxi lo menos sofisticado que eso se pueda hacer, la subo y le digo al taxista que a cambio de un billete de doscientos pesos que le aventé llevara a mi madre al metro Chapultepec y no regresara. Bien con ella a salvo ahora sí. ¡A la carga!

X

Todo es tan esto se dio tan rápido, mi memoria solo me permite recordar flashazos de la escena, uno, dos, tres… hasta seis granaderos que tan solo con poner mi mano en sus hombros y jalarlos hacia atrás salieron volando, abatí a otros tantos sirviéndome de los codos y una que otra patada, hasta llegar a auxiliar al don de la paz, a el conseguí montarlo en un mototaxi. En el ánimo de lo ocurrido otros dos tipos empezaron a repartir golpes a diestra y siniestra contra los granaderos que parecían multiplicarse. Al final uno de mis auxiliadores termino huyendo y justo a tiempo porque al otro desventurado y a mí nos sometieron y nos metieron una santa paliza.

0

Este relato fue un sueño que tuve algún día sobre mí, sueño en el que note mi resentimiento hacia los granaderos que abusan de su poder, sueño que quizá fue producido en mi subconsciente por ver un vídeo en facebock donde una docena de granaderos con el uso de la fuerza bruta excesiva le quitan a un pobre sus algodones de azúcar y hasta lo golpean. En otro vídeo se nota a un don con un letrero con la leyenda leer te ayuda. Este señor inducia a un grupo de granaderos a leer porque con eso podían encontrar la felicidad, siguiente escena del vídeo se ve al señor corriendo unas calles más lejos siendo perseguido, alcanzado y sometido por dos granaderos también se ve a otros seis llegando. Esto me molesta y me indigna. Afortunadamente el don de la paz está sano y salvo, solo fue mi sueño. Sueño que también me ayudo a comprender que siento un amor mi amiga Luz.


“Lu-En Gon-Ber”




2 comentarios:

  1. Whooops, creo que me tardé mucho en comentar esta publicación, jaja. Hmmm, he de decir que no lo hice porque el enunciado final me pareció un poco (o un mucho) chocante, jaja.

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